Granjas familiares. No podía imaginarme a Norteamérica sin ellas. Siempre lo hemos llevado en la sangre, ser un granjero. Vivíamos en el campo y la familia siempre tuvo una vaca. Sí, definitivamente lo llevo en la sangre. Esto es lo que siempre he hecho desde que fui lo suficientemente grande como para subirme al tractor con mi papá y mi abuelo. No es fácil ser granjero y nunca ha sido fácil, siempre hay obstáculos. Plantamos algo y esperamos y creemos que va a ser una buena cosecha. A veces lo es y a veces no, pero seguimos trabajando en ello. Trabajar hasta el día en que terminamos y luego volvemos a empezar. Mi abuelo y mi padre construyeron un legado y no dejaré que muera conmigo. No vamos hacia atrás, siempre nos movemos hacia adelante.